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Mi primera operación

'Artistas' de Silvia Muñoz

Dicen que estas cosas no se olvidan, pero mi memoria de pez y yo discrepamos.  No me acuerdo de mi primer día en el hospital, ni de mi primer paciente (ambas cosas pasaron hace apenas un año), así que el día de hoy lo escribo, para que no se me olvide.
Ha sido 'mi primera operación', aunque llamarlo así es darme demasiada importancia: ni es la primera operación que veo, ni he operado a nadie, lo máximo que he hecho ha sido sujetar herramientas cuyo nombre desconozco y dar unos torpísimos primeros puntos al final.
Lo que sí es cierto es que hoy es la primera vez que me he lavado.  Que me dejen lavarme significa que en lugar de observar a tres reservadísimos metros de distancia para no romper el sagrado campo de esterilidad, puedo pegarme como una lapa a los cirujanos y ver y tocar todo lo que ellos ven y tocan. Me mandan sujetar cosas,  me explican lo que están haciendo y a mí me fascina ver la facilidad con la que se manejan.
He de reconocer que en 'mi primera operación'  no he visto gran cosa, se trataba de una hernia inguinal y la anatomía de esa zona es complicadísima, pero el simple hecho de estar en la microesfera libre de bichos, dentro del campo de esterilidad, te propulsa al infinito y más allá, y si encima se toman el tiempo y la molestia de enseñarte a dar puntos o te mandan introducir la mano dentro del paciente para tocar la espina púbica o sujetar el cordón espermático, pues se te salen los ojos de las órbitas y tu sonrisa es más grande que la mascarilla quirúrgica que la tapa.
Cierto es, no obstante, que si alguna vez me operan no me dará mucha confianza saber que puede haber un torpe estudiante (como yo ahora) practicando sus primeras puntadas en mi barriga, pero en algún momento tenemos que aprender y, como me ha dicho mi tutor, 'lo que pasa en el quirófano, se queda en el quirófano'.

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