Ir al contenido principal

Toracocentesis

Pintura de Marilyn Manson

Estoy de vacaciones, repasando algunas de las que serán nuevas páginas de este diario. Un recuerdo se ha colado en mi mente y me ha hecho estremecer,  y sólo por eso lo escribo.
Un anciano semidesnudo sentado en la sala de intervenciones, al lado de broncoscopias. Uno de esos hombres caballerosos, de mirada tierna y amable, dedos finos y pantuflas impecables, dejándose pinchar por el residente para hacer una toracocentesis diagnóstica. De pronto empieza a llorar, las lágrimas resbalan por arrugas divergentes y las manos temblorosas aferran un pañuelo de papel humedecido.
- Pobre hombre, le está haciendo daño -pienso yo.
El resi, preocupado, y ya terminada la toracocentesis, le pregunta si le duele, y el anciano, con voz temblorosa y una sonrisa de ojos tristes, le responde entre suspiros:
- No hijo no, si ni me he enterado, lo ha hecho muy bien... Es la preocupación, ya sabe... A veces puede con uno...
Qué ingenua yo en ese momento, creyendo que sólo el dolor podía causar el llanto.
Qué fuerte el anciano y qué indestructible su amabilidad, presente incluso cuando él se está derrumbando.
Qué llaneza, qué ternura y qué infinitamente humano.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Late, corazón

Corazón de-sastre  de Silvia Muñoz - Has tocado un corazón. Eso es algo que no puede decir mucha gente -dijo mi adjunto-. - Presumiré de ello con orgullo -me reí. Es cierto. He tocado un corazón. Un corazón humano, en su sitio, latiendo. Un corazón vivo. Si eso no es impresionante no sé qué lo es. Bueno, sí. La cirugía cardíaca en sí misma es bastante impresionante, porque ese mismo corazón que toqué vivo, latiendo con fuerza, caliente contra mi mano, lo toqué unos minutos más tarde frío y quieto, paralizado por el potasio de la cardioplejía. Para poder operar un corazón es necesario pararlo y vaciarlo de sangre. Para ello se establece un sistema de circulación extracorpórea, una máquina recoge la sangre de las venas cavas, la oxigena y la devuelve a la arteria aorta, por lo que durante la cirugía el corazón y los pulmones están completamente quietos, parados, inertes. Una vez realizada la operación todo se devuelve poco a poco a su funcionamiento normal, y el corazón, ...

Broncoscopias

Edema agudo de pulmón de Silvia Muñoz Es curioso -y aterrador- cómo puede uno distanciarse de lo que significan realmente las cosas para la persona que tiene delante, para su familia, para sus amigos… Me paso las mañanas correteando por los pasillos pegada a la bata de mi responsable, ansiosa por aprender y deseando que me expliquen más, y más, y más… Hasta que de repente soy consciente de la realidad, de lo que significa estar en un hospital, discutir un caso clínico, planear un tratamiento o realizar una prueba. Es como chocarse con una dura y fría pared de cristal que ha estado ahí todo el tiempo, pero que no he visto hasta golpearme de lleno con ella. Hoy me ha pasado en broncoscopias. Una broncoscopia es una prueba en la que introducen una cámara por la nariz para llegar a los bronquios y ver el interior de los pulmones. Además, pueden recogerse muestras para descartar enfermedades y pinchar ganglios para estadificar un cáncer, como en este caso (se trataba de un EBUS)....

Qué bonita

Ilustración de Florian Meacci Qué bonita. La vida, digo. Qué bonita. Y qué traicionera. Y qué poco nos fijamos. Igual por eso, a veces, es tan mala. Para hacerse notar. Como cuando a una joven de 34 años que se ha caído y le duelen las costillas le descubren un cáncer tan inesperado como avanzado, tan mortífero como silente, que no la dejará cumplir los 35. O cuando a una mujer de 70 completamente independiente le implantan una prótesis que se infecta y se complica. Y se recambia y reinfecta y recomplica y no podrá volver a caminar. Ni a bailar con su marido, porque además se ha quedado viuda. O cuando a un hombre de 50 años le diagnostican un Parkinson. O un Alzheimer. O a los 20 un linfoma. O un tumor cerebral. Qué más da. Qué bonita. Qué mala. Qué triste. Qué mala. Pero qué bonita. Y qué poco la aprovechamos.