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Goteo

Desazón de Silvia Muñoz Estoy cansada. Agotada. Exhausta, más bien. Tengo la suerte de no ser un ficus durante las prácticas. Lejos de sentirme como un elemento inútil y meramente decorativo que dedica su mañana a la persecución interminable de un médico de verdad, soy casi como un residente de primer año en el servicio de medicina interna y me siento afortunada por ello. Asisto a sesiones, paso planta, exploro pacientes, escribo evolutivos, ayudo con las altas y hablo con los familiares. Se podría decir que trabajo o, al menos, ‘trabajo’. Y como buena e inocente novata que soy me llevo el trabajo a casa. No es algo consciente, no es voluntario. Sólo estoy distraída. Abstraída. Ausente. A la hora de comer, cuando intento descansar y mientras hago como que estudio el examen de la semana que viene, lejos de centrarme en lo que estoy -o debería estar- haciendo, mis neuronas se dedican a intercambiar información y discutir términos médicos con la misma intensidad que los adjunto...

Qué bonita

Ilustración de Florian Meacci Qué bonita. La vida, digo. Qué bonita. Y qué traicionera. Y qué poco nos fijamos. Igual por eso, a veces, es tan mala. Para hacerse notar. Como cuando a una joven de 34 años que se ha caído y le duelen las costillas le descubren un cáncer tan inesperado como avanzado, tan mortífero como silente, que no la dejará cumplir los 35. O cuando a una mujer de 70 completamente independiente le implantan una prótesis que se infecta y se complica. Y se recambia y reinfecta y recomplica y no podrá volver a caminar. Ni a bailar con su marido, porque además se ha quedado viuda. O cuando a un hombre de 50 años le diagnostican un Parkinson. O un Alzheimer. O a los 20 un linfoma. O un tumor cerebral. Qué más da. Qué bonita. Qué mala. Qué triste. Qué mala. Pero qué bonita. Y qué poco la aprovechamos.

Operación comando

Comando de Silvia Muñoz '¿Y no te da cosa?' Es una pregunta muy oída (y odiada) entre los estudiantes de medicina. Especialmente en lo que se refiere a prácticas con muertos y cirugías. 'Yo no podría' suele ser lo que sigue en la conversación, y mi reacción es siempre la misma: una muestra de asombro y perplejidad seguida de una risa nerviosa. No, no me dan asco las cirugías. Sí, sí me impresiona abrir a alguien con un bisturí y observar lo que permanece oculto para el resto de los mortales. Descubrir la verdad que se esconde detrás de las láminas y los libros de anatomía. Ver cómo un estómago se hincha y deshincha al ritmo de la respiración, coger los intestinos, que se mueven como si tuviesen vida propia -porque, de hecho, la tienen- o poner una prótesis de rodilla metálica y reluciente que funcionará mejor que la original, ya deshecha. Y todo mientras el anestesista comprueba que el paciente sigue ahí, aunque le quites la mitad del tubo digestivo, le extraig...

Traqueotomía

Traqueotomía de Silvia Muñoz. Si entré en otorrino por la puerta grande, hoy puedo afirmar que he salido de la rotación por la misma puerta. Estoy disfrutando y aprendiendo de las prácticas como nunca imaginé, pero también es cierto que no tenía la más mínima idea del impacto que tendrían a nivel emocional. Hoy ha sido, probablemente, el peor día de los dos meses que llevo pateándome el hospital. La consulta de ORL es tremendamente variada y, dependiendo del día, puede ser infinitamente monótona o irónicamente dramática. Hoy parecía lo primero y ha terminado convirtiéndose en lo segundo. La mayoría de los pacientes eran oncológicos, sólo venían a una revisión periódica y rutinaria, pero más de uno y más de dos parecían haber recidivado. Y quién se lo dice ahora. No obstante, eso no fue lo peor. La lista de pacientes quedó relegada a un segundo plano cuando una anciana de casi noventa años que apenas podía respirar entró en la habitación. Un enorme tumor de laringe impedía el p...

Vaciamiento radical

Vaciamiento radical de Silvia Muñoz Los otorrinos denominan vaciamiento radical a la extirpación quirúrgica de todos los ganglios linfáticos del cuello además de la yugular interna, el músculo esternocleidomastoideo y el nervio espinal. Es una técnica que se realiza a veces en pacientes oncológicos para asegurar que no quedan residuos de cáncer y que si hay células malignas en los ganglios éstas no se reproduzcan. No siempre funciona. Este diario no es para mí sino un vaciamiento radical. Escribo cuando la carga emocional de lo vivido me aplasta el pecho y me hace temblar. Reseco la confusa maraña de sentimientos dejando un margen de seguridad y la analizo minuciosamente como lo harían en anatomía patológica. La proceso y observo y reviso y repaso una y otra vez hasta que me quedo tranquila y escribo el informe en mi historia clínica sentimental, en mi diario, para que la sensación de angustia y el desconsuelo no vuelvan, que se queden aquí convertidos en pasado, pero lo suficien...

Lágrimas

Acuarela de Robin Ewers Hace unas semanas vi a un hombre llorar de preocupación. Hoy vi a un hombre llorar de alivio. Casi lloro yo también. Me calentó el corazón verle así, feliz, a pesar de las heridas quirúrgicas y de la cánula que le atravesaba la garganta. Entró sonriente y animado a la sala de curas, acompañado por su hija. Se encontraba bien, se sentía fuerte, o eso nos dijo mientras tapaba el orificio de la traqueotomía para hablar. Mi adjunto empezó a comprobar pruebas y datos en el ordenador mientras la enfermera iniciaba la cura de la herida. -Ya están los resultados de anatomía patológica -dijo el médico. Un silencio no acordado llenó la habitación unos segundos, hasta que el adjunto soltó con voz incrédula y atropellada: -Pues no había tumor. -¡Ni falta que hace! -respondió la hija con una sonrisa de oreja a oreja. Y entonces el hombre se echó a llorar. Había sufrido un cáncer y lo había superado, para tiempo después oír en una revisión que algo no cuadrab...

Sálvate

Ayer comencé las prácticas en el servicio de otorrinolaringología (ORL) y entré por la puerta grande. A media mañana llamaron de urgencias: un hombre se había cortado el cuello con un vaso roto y requería cirugía inmediata. Cuando llegamos al box la otorrino de guardia intentaba frenar la hemorragia de la enorme boca accesoria, sangrante e irregular, que atravesaba el cuello del paciente de lado a lado. Pero no era la única herida que tenía nuestro recién llegado. Estaba cubierto de hematomas y tenía múltiples fracturas, pues hacía apenas unos días que se había tirado desde un tercer piso con  la misma finalidad que en esta ocasión: morir. Las palabras 'ponte el pijama' y 'lávate' que deseaba oír cada mañana de rotación en Cirugía General esta vez me hicieron temblar. Como todos los quirófanos estaban ocupados tuvieron que parar una intervención para poder operar a este pobre hombre. La herida resultó ser superficial, parece que degollarse es más complicado de ...